TEMA
5 (ampliación)
1.- ¿QUÉ ES UNA
TEORÍA ÉTICA?
La ética
normativa pretende
justificar nuestros juicios morales (siendo x = acción humana; forma
lógica = “x es bueno”)
y normas morales (forma lógica = “Todos deben
hacer x”).
Un juicio
es un enunciado en el que se afirma o niega (se predica) algo, algún
atributo, de otro algo (un sujeto lógico).
Un juicio
empírico proporciona
información sobre la realidad y se justifica (se decide si es
verdadero o falso) verificándolo. Verificar
un juicio es compararlo con la realidad para comprobar si se cumple.
Un juicio
formal no proporciona
información sobre la realidad (caso de los juicios de la lógica y
la matemática) y se justifica demostrándolo deductivamente. La
deducción
es un razonamiento en el que el paso de premisas a conclusión se
establece sin recurso a la experiencia u observación, pero es un
paso necesario (la conclusión no puede ser otra, no puede negarse
sin incurrir en contradicción) porque hay una ley lógica que lo
justifica. Una ley lógica es una ley ideal del pensar o razonar
correcto.
Un juicio formal también se
puede justificar por análisis
interno del juicio
para detectar si encierra contradicción (sujeto y predicado dicen
cosas contrarias), en cuyo caso sería falso.
En ocasiones la verdad o falsedad del juicio formal depende de la
aceptación previa de las definiciones de los símbolos que aparecen
en el juicio.
Un juicio
moral es aquel en el
que se predica la bondad o maldad de una acción humana. Los juicios
morales no se pueden justificar ni por verificación, ni por
deducción, ni por análisis interno del juicio. Para solucionar este
problema han ido surgiendo las distintas teorías
éticas, como
distintos modos de
justificación de nuestros juicios y normas morales.
2.- CLASIFICACIÓN
TRADICIONAL DE LAS TEORÍAS ÉTICAS
Clásicamente las teorías éticas se han dividido en materiales y
formales.
Las éticas materiales tienen contenidos concretos. Parten de
que hay bienes o fines y determinan cuál de ellos es el bien o fin
último del hombre. Además dictan normas cuyo cumplimiento permitirá
alcanzar ese fin. Así un acto será moralmente bueno si por cumplir
las normas me acerca al bien propuesto. Será malo si me aleja del
bien o fin. Estas éticas basan el deber (lo que hay que hacer, las
normas) en el bien.
Las éticas formales carecen de contenidos concretos (no
proponen un bien o fin ni dictan normas concretas; no ordenan en
detalle). En todo caso lo único que proponen es una ley de carácter
general o universal. La ética formal se limita a decir cómo hemos
de actuar siempre, trátese de la acción concreta de la que se
trate, porque solo ofrecen la “forma” o esquema de lo moralmente
correcto.
3.- CLASIFICACIONES ACTUALES DE LAS TEORÍAS ÉTICAS
Éticas cognitivistas y no cognitivistas:
con respecto al juicio “x es bueno”, siendo “x” una acción
cualquiera, las éticas cognitivistas afirman que: a) “bueno” es
una propiedad o cualidad de “x”; b) “x es bueno” es una
oración descriptiva, que puede ser verdadera o falsa según que “x”
sea realmente bueno o no; c) esa oración aporta conocimiento nuevo
sobre la realidad.
Las éticas no cognitivistas (metaética) niegan los tres supuestos.
Éticas teleológicas (de fines o bienes) y deontológicas (del
deber): Las primeras señalan
prioritariamente cuál es el fin o bien de la vida humana, suponiendo
que lo correcto o el deber (normas) deriva del bien. Las segundas
señalan únicamente qué es lo correcto o el deber, sin proporcionar
criterios acerca de cómo lograr una vida buena o feliz.
Éticas naturalistas e intuicionistas:
Las primeras afirman que los términos morales como “bueno”
equivalen a propiedades o cualidades naturales observables, como
“útil”, “placentero”, etc. Por tanto, los juicios en que
aparecen esos términos se pueden verificar experimentalmente. Las
segundas creen que los términos morales no representan cualidades
naturales; son indefinibles y su sentido se capta por intuición
(captación directa; comprensión súbita sin necesidad de
demostración).
Éticas de la intención (convicción) y de la responsabilidad
(consecuencias): Las primeras
creen que hay normas de valor incondicional, válidas por sí mismas
en cualquier situación, y que por tanto hay que cumplir siempre. Las
segundas creen que hay que tener siempre en cuenta las consecuencias
de la aplicación de las normas, pudiendo ser legítimo, en
ocasiones, transgredirlas si de ello se derivan consecuencias
positivas.
4.- INTELECTUALISMO
ÉTICO DE SÓCRATES (Edad
Antigua. Período clásico griego).
Sócrates (ateniense, s.V a.c.)
pasa por ser el “padre” de la ética occidental, y sostuvo una
teoría ética denominada intelectualismo
moral o ético. Esta
teoría identifica la virtud con el conocimiento o saber, de lo que
se deduce:
- No bastan las disposiciones naturales para ser bueno y virtuoso. Esto se aprende y es enseñable (por eso Sócrates se empeñó en establecer definiciones universales de términos morales, para enseñarlos o transmitirlos).
- Nadie actúa mal a propósito o a sabiendas, sino por ignorancia.
- Quien conoce intelectualmente el bien no tiene más remedio que hacerlo.
Las tres consecuencias son
discutibles. Las tres parecen contradecir los hechos. Además la
tercera supone un determinismo:
si conocido el bien no tenemos más remedio que actuar bien, esto nos
deja sin otra posibilidad de elección (por ejemplo elegir el mal),
lo que convierte nuestro actuar en no libre, y, por tanto, amoral.
Partiendo de la creencia de que
todos tenemos en nuestro interior una parte de la verdad (“conócete
a ti mismo”), solo que no podemos exteriorizarla sin la ayuda de
otros (en diálogo), en sus investigaciones morales Sócrates utilizó
un método que llamó mayéutica.
Este procedimiento dialógico tiene dos partes:
a.- Ironía
(“solo sé que no sé
nada”): juego de preguntas (hábilmente formuladas por Sócrates) y
respuestas cuya finalidad es poner de manifiesto la ignorancia del
interlocutor (a menudo provocaba que éste se irritara).
b.- Mayéutica:
juego de preguntas y respuestas cuyo fin es “alumbrar” entre
todos la verdad sobre la realidad de la que se esté hablando o se
esté investigando.
Así Sócrates preguntaba “¿qué es X?, siendo “X” un término
moral. Cada contertulio daba su respuesta, se examinaban estas
respuestas particulares y se ensayaba una generalización que se
traducía en la definición buscada. A su vez el concepto universal
así elaborado servía para evaluar casos particulares. Este
procedimiento se llama hoy “inducción” (razonamiento en
el que de la observación de casos particulares presentes en la
experiencia, y en virtud de las características comunes que
presenten, se infiere una ley de carácter general o universal).
5.- ARISTÓTELES (Edad Antigua. Período clásico griego).
Eudemonismo, ética material, ética cognitiva, ética teleológica,
ética social o política.
Aristóteles (s. IV a.c.) parte de un principio universal de toda
conducta obtenido por inducción: es un hecho que todo obrar y toda
conducta tiende a un fin. Este fin tiene que ser captado como bueno
por el sujeto, para que lo impulse a actuar. Así que el bien
moral es fin.
Aristóteles nota que en la práctica hay muchos tipos de bienes:
exteriores (posesiones, recursos), del cuerpo (salud), del alma
(los mejores, porque el bien es más actividad que producto y la
actividad es lo propio del alma -principio de la vida y del
movimiento-). Todos son necesarios para llevar una vida digna.
Algunos bienes no se quieren por sí mismos, sino para conseguir
otros; y creyendo que éstos no son los mejores, Aristóteles
concluye que el bien moral debe ser independiente, no
subordinado, deseable por sí mismo y no como medio para
conseguir otros, es decir, último o definitivo.
Por fin Aristóteles concreta que el bien moral es la felicidad
(único bien no subordinado).
Ocurre que sobre la naturaleza de la felicidad no hay unanimidad.
Entonces Aristóteles se dedica a estudiar cómo es la naturaleza
humana, para averiguar dónde estará la felicidad para nosotros los
humanos.
Los seres humanos nos distinguimos por poseer facultad racional,
intelecto, así que Aristóteles dice que el bien moral o felicidad
está en ejercitar la actividad anímica que nos es propia
(actividad intelectual) en conformidad con la virtud. Es por
esto que a continuación estudia la virtud.
Los humanos tenemos dimensión racional (específica nuestra), pero
también facultades irracionales (lo que compartimos con plantas y
animales). Así las virtudes son de dos tipos:
a.- Virtudes intelectuales o dianoéticas: hábitos del
intelecto que perfeccionan la facultad racional. Pueden formarse en
nosotros con la educación adecuada. Virtudes intelectuales son:
- Sabiduría: destacar en el uso de la razón o actividad especulativa (interesada en el conocimiento por sí mismo y no en sus aplicaciones prácticas). Esta actividad es la que más nos perfecciona y autorrealiza como seres humanos, por lo que da la felicidad más plena. Es una actividad independiente (no medio para un fin) que nos hace libres y es duradera.
- Prudencia: destacar en el uso de la razón o actividad práctica (praxis), cuyo fin es inmanente al propio actuar (ética-política). La prudencia permite deliberar con corrección acerca de lo bueno y malo y actuar en consecuencia.
- Arte: destacar en el uso de la razón o actividad productiva (poiesis), cuyo fin es trascendente al propio actuar, ya que consiste en saber producir objetos conforme a reglas.
b.- Virtudes morales o éticas: hábitos que regulan las
facultades irracionales. No son conductas innatas, sino adquiridas en
virtud de nuestras acciones (repetición de actos) y pasiones. Éstas
siempre connotan un exceso o un defecto (vicios). Así que
Aristóteles define la virtud moral como justo medio o
equilibrio entre el exceso y el defecto de nuestras acciones y
pasiones (en las virtudes intelectuales no hay vicio por exceso).
Virtudes morales son la Templanza, la Fortaleza, el Pudor, etc.
Definitivamente Aristóteles entonces conluye que la felicidad, el
bien moral para los hombres está en ejercer la actividad intelectual
(en especial la especulativa) en conformidad con la virtud moral
(justo medio) e intelectual.
Con la Justicia (virtud moral que regula las relaciones
sociales) termina el estudio de Aristóteles. Dice que la práctica
de la Justicia supone tener las demás virtudes. La divide en:
a.- Justicia Universal: su fin es la felicidad del todo
social, del Estado, y coincide con la obediencia a la ley del Estado.
b.- Justicia Particular: su fin es la felicidad de cada
individuo o ciudadano. A su vez puede ser: distributiva (por
la que el Estado reparte beneficios entre los ciudadanos según
proporciones geométricas, según los méritos) y conmutativa
(rige contratos y transacciones voluntarias e involuntarias
equilibrando ventajas entre los contrayentes según proporciones
aritméticas, es decir, tratando a las personas por igual).
La ética de Aristóteles es social o política porque cree
que el hombre solo puede moralizarse y ser feliz en el Estado
(Polis). A su vez cree que un Estado bien gobernado es el que pone a
disposición de los ciudadanos los medios necesarios para que se
moralicen y sean felices. Para él ética y política son la misma
ciencia. La suya es una ética de las virtudes cívicas, virtudes de
los ciudadanos.
6.- ESTOICISMO (Edad Antigua. Período helenístico).
Eudemonismo, ética materia, ética cognitivista, ética teleológica,
ética individualista.
El fundador de esta escuela es Zenón de Citio (ss.IV-III a.c.), que
abre su escuela, la Stoa, en Atenas. Parte de un Determinismo
universal, según el cual todo en la realidad ocurre
necesariamente (no puede ser de otro modo), porque la realidad se
rige por una Ley o Razón universal. Hasta las propias acciones
humanas están determinadas.
Zenón afirma entonces que la felicidad está en la virtud, y que
ésta consiste en vivir conforme a la naturaleza, vivir conforme a la
razón (conocer la realidad y adaptarse). El sabio, el que sabe vivir
feliz, es libre, y su libertad consiste en asumir o tener conciencia
de la necesidad (de lo inevitable).
Los estoicos concluyen que la felicidad está en cultivar la
“apatheia”, la imperturbabilidad, la indiferencia frente a
cualquier suceso, ya que si se produce es porque de todos modos se
tenía que producir, y finalmente lograr la “ataraxia”
(serenidad, paz de espíritu).
La ética estoica es individualista, pues se puede practicar con
independencia del marco político en que se viva. Además los
estoicos tenían mentalidad cosmopolita, se consideraban ciudadanos
del mundo, que es la única patria para ellos.
7.- EPICUREÍSMO (Edad Antigua; Período helenístico).
Eudemonismo, hedonismo, ética material, ética cognitivista, ética
naturalista, ética teleológica , ética individualista (Epicuro
aconseja no intervenir en asuntos públicos, políticos).
El fundador de esta escuela es Epicuro de Samos (ss.IV-III a.c.), que
abre su escuela en Atenas.
Epicuro, como los estoicos, también se basa en el principio “vivir
conforme a la naturaleza”, pero lo interpreta de modo diferente.
El placer, según él, es el primero de los bienes naturales o
que proporciona la naturaleza, y todo el mundo lo busca. Se refería
a los placeres corporales, pero sobre todo a los espirituales o
intelectuales, a los del alma. Además, “vivir conforme a la
naturaleza” exige la moderación del placer, lo que conduce a la
ataraxia.
El placer tiene que ver con la satisfacción de los deseos y
Epicuro señala tres tipos:
a.- Naturales (conformes a nuestro modo de ser) y necesarios
(imprescindibles para la supervivencia). Es aconsejable
satisfacerlos. Ej. una comida sobria.
b.- Naturales no necesarios: nacen del deseo de variar y deben ser
moderados por la prudencia. Se pueden satisfacer, pero con
moderación. Ej. buscar alimentos sofisticados.
c.- Ni naturales ni necesarios: surgen del falso conocimiento. No
deben ser satisfechos porque no proporcionan felicidad. Epicuro los
prohibe.
Además cree que no se debe elegir cualquier placer. Los requisitos
del placer que debe ser elegido son: que dure; que no ocasione un mal
o dolor posterior. Así que a veces será mejor elegir un dolor que a
la larga nos procurará placer.
Según Epicuro debemos utilizar la razón calculadora y
organizar nuestra vida de modo que en general y mirando a largo
plazo, obtengamos la mayor cantidad de placer (intelectualismo).
8.- KANT (Edad Moderna).
Ética formal, ética cognitivista, ética deontológica, ética
procedimental, ética de la intención, ética de la dignidad.
Kant (s. XVIII) se propone elaborar una ética universal
(válida para cualquier sujeto en cualquier momento y lugar; para
toda la humanidad), basada en la propia razón del hombre y
que por tanto posibilite la autonomía de la voluntad.
Según él, las éticas anteriores (materiales y teleológicas) no
cumplen estos requisitos y les hace las siguientes críticas:
a.- Son empíricas o a posteriori: su contenido está extraído de la
experiencia, pero de ésta no se pueden obtener principios
universales. Estos han de establecerse a priori.
b.- Sus preceptos (normas) son hipotéticos o condicionales: no
tienen valor por sí mismos, sino como medios o condiciones para
alcanzar un bien o fin. Así estas normas no pueden ser universales,
porque todos no perseguimos los mismos bienes o fines. Además estas
éticas parecen egoístas, parece que el hombre cumple las normas no
por respeto a las mismas, sino por el interés de alcanzar el fin.
Las normas han de ser incondicionales.
c.- Son heterónomas: en ellas la voluntad se ve condicionada a
actuar de un modo u otro por la propia tendencia al fin propuesto
(normalmente desde fuera de la propia razón y voluntad). La ética
debe hacer posible la autonomía de la voluntad.
Por estos motivos Kant cree que la ética debe ser formal,
vacía de contenidos concretos, que se limite a decirnos cómo actuar
siempre, trátese de la acción de que se trate.
Según Kant, un hombre actúa moralmente cuando lo hace por deber,
siendo éste la necesidad de una acción por puro respeto a la ley,
el sometimiento a la ley no por su utilidad o por satisfacción de su
cumplimiento, sino por puro respeto a la misma.
En relación con el “deber” Kant distingue tres tipos de acción:
1) Contrarias al deber: sin valor moral, porque se hace lo contrario
de lo que se debe; 2) Conformes al deber: coincidentes con lo que hay
que hacer, pero sin valor moral porque se persigue un bien o fin; 3)
Por deber: por puro sentido de obligación moral, sin perseguir
ningún fin, ni siquiera la felicidad. Son las únicas con valor
moral. Es decir, el valor moral de una acción radica en el móvil
que determina su realización, siempre y cuando ese móvil sea el
deber.
Según Kant solo hay una cosa en el mundo que puede ser llamada
“buena” y es la buena voluntad, la que actúa por
deber, así que lo que cuenta es la intención con la que se
actúa (la intención no se ve; la ética no puede ser empírica).
La buena voluntad se rige por el imperativo (norma)
categórico, que ordena realizar un acto, o abstenerse de él,
solo por deber. Es un principio a priori (establecido por la razón
sin extraerlo de la experiencia) y formal, ya que solo expresa la
“forma” o “esquema” de lo moralmente correcto. Esa
forma es la universalidad, pues en una de sus formulaciones el
imperativo aconseja que nuestra forma de actuar valga como principio
de una legislación universal (que pensemos honestamente que
cualquiera en nuestro lugar haría lo mismo, o sería deseable que lo
hiciera). De este modo el imperativo categórico posibilita la
autonomía de la voluntad, pues es cada cual quien, calibrando la
universalidad de su acción, se da a sí mismo la ley, autolegisla.
Finalmente dice Kant que lo único que puede ser considerado un fin
en sí mismo es el ser humano en tanto que ser racional. El
imperativo categórico ordena respetar siempre al ser humano y no
utilizarlo nunca como medio para otro fin, porque la persona no tiene
precio, sino dignidad.
9.- ÉTICA DE VALORES (Edad contemporánea).
Ética cognitivista, ética teleológica (no de bienes), ética
material (no de bienes), ética intuicionista.
Scheler (s. XIX) intenta superar la ética Kantiana. Está de
acuerdo con Kant en que las éticas materiales de bienes o fines no
pueden ser universales, pero la kantiana le parece una ética fría e
inhumana. Así que propone una ética a priori y universal pero con
contenido o materia, siendo ese contenido los “valores” (que
presentan una exigencia universal de realización).
10.- METAÉTICA (Edad contemporánea).
La metaética (ética no cognitivista) es una disciplina desarrollada
por filósofos ingleses y americanos del siglo XX (entre ellos los
neopositivistas lógicos) dedicados al análisis del lenguaje moral,
utilizando como herramienta la lógica.
Según estos pensadores, una proposición solo tiene significado si
es verificable. Los términos éticos no representan cualidades
observables, así que las proposiciones en que aparecen no se pueden
verificar.
Los términos morales, en principio, no significan nada, carecen de
significado cognoscitivo y científico, y las proposiciones en que
aparecen no se pueden verificar porque no describen ningún hecho.
Por tanto los términos éticos son pseudoconceptos, y la ética no
es una ciencia.
Más tarde se admitió que los términos morales debían tener algún
significado, aunque no cognoscitivo, y surgieron distintas teorías
sobre el lenguaje moral.
a.- Emotivismo
Ayer cree que los términos morales son pseudoconceptos que
solo expresan sentimientos o emociones, nada objetivo. Por ejemplo,
en la proposición “Hiciste mal en robar”, el término
“mal” no añade ningún hecho nuevo al hecho de haber robado.
Solo expresa que emocionalmente se desaprueba ese hecho o conducta.
Stevenson cree que el lenguaje moral no tiene carácter
descriptivo, sino dinámico. Un juicio moral es la expresión de una
actitud moral (disposición a aprobar, a indignarse, a sentirse
obligado, a sentirse culpable, etc.) del que habla, expresión que
producirá cambios emocionales en el que escucha. El lenguaje moral
es dinámico porque intenta cambiar las actitudes discrepantes de los
demás. Por ejemplo, decir “Esto es bueno” quiere decir
“Apruebo esto, apruébalo tú también”.
b.- Prescriptivismo
Hare cree que los juicios morales son juicios prescriptivos.
Un juicio moral es tal que, si alguien asiente a él, tiene que
asentir también a una oración imperativa que se derive de él. Por
ejemplo, si asiento a “X es bueno” tengo que asentir
también a “Haz X”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario