TEMA
4 (ampliación)
1.-
Moral:
conjunto de códigos (normas y valores) que rigen la conducta de los
hombres y las relaciones entre los mismos desde el punto de vista de
la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto
de las acciones. Es práctica. Se vive.
Inmoral:
quien conoce las normas morales de una comunidad y las transgrede por
su propio interés o bien porque en conciencia no puede aceptar las
normas vigentes. Se trata de un concepto relativo, porque depende del
código moral desde el que se juzgue.
Amoral:
que carece de lenguaje y conciencia moral y vive ajeno a toda
experiencia moral, desconociendo el sentido del bien y el mal. No
existe propiamente un ser humano amoral.
Ética:
disciplina filosófica que estudia la moral. También proporciona
criterios para orientarnos a fin de conseguir una vida buena, feliz.
Es teórica. Se divide en tres especialidades:
a.- Ética descriptiva: se limita a describir el hecho moral, la
dimensión moral del ser humano. Para ello utiliza conocimientos que
le aportan otras ciencias como la psicología, la antropología, la
biología, etc.
b.- Ética normativa: se ocupa de justificar los juicios y normas
morales. Distintas teorías o sistemas éticos proporcionan distintas
justificaciones y proporcionan distintos criterios para hacer
elecciones razonables.
c.- Metaética: se ocupa de analizar la corrección de los
razonamientos morales y de la significación del lenguaje moral.
2.-
Condición de posibilidad de la vida moral: la libertad
(teoría de Gehlen)
El
ser humano se caracteriza, desde el punto de vista biológico, por su
indeterminación
o inacabamiento, es decir, por la plasticidad, necesaria para poder
convertirse en algo distinto de lo que en principio se es, por
ejemplo en una criatura racional.
Además
el ser humano, desde el punto de vista biológico, se caracteriza por
ser deficitario,
al carecer de una estructura instintiva que le permita responder con
seguridad a los estímulos que el medio le presenta.
Para sobrevivir tuvo que desarrollar la razón, inventar respuestas y
optar (esencia de la libertad) por la mejor. Por esta razón el
hombre es
libre,
porque su razón juzga sobre lo conveniente y su voluntad opta por
ello o lo escoge.
Por ser necesariamente libre es
por lo que el ser humano tiene dimensión moral, ya que los
únicos actos de los que tiene sentido decir si son buenos o malos
son los actos realizados libremente.
A diferencia del hombre, los
animales no son libres, porque poseen una estructura instintiva tan
perfecta que les basta para sobrevivir. No deben inventar respuestas
ni elegirlas porque éstas están escritas en su código genético;
pero no pueden desarrollar otras facultades, no son plásticos, ya
que nacen básicamente acabados (determinados).
3.-
El círculo de
Aristóteles:
Aristóteles no reparó en la circularidad del planteamiento. Para
resolver la falacia hay que distinguir:
a.- Punto de vista de la génesis
(cómo se suceden realmente los acontecimientos en el tiempo): lo
primero sería la repetición de actos (a su vez explicable por el
talante y los refuerzos -premios y castigos- psicológicos) que
formarían hábitos (virtudes o vicios), y a su vez un conjunto de
hábitos conformarían el carácter o modo de ser y actuar moral.
b.- Punto de vista de la
fundamentación (justificación o evaluación): lo primero sería el
carácter que predispone a realizar actos. En efecto, cuando
calificamos moralmente a una persona, calificamos su carácter y no
sus actos aislados.
4.-
Características
de los valores morales:
a.- No son cosas o entes; no son,
sino que valen.
b.- De por sí son inmutables: lo
único que cambia es nuestra comprensión o descubrimiento de los
mismos.
c.- Son aquello que justifica el
obligado cumplimiento de una norma.
d.- Presentan una exigencia de
realización (cuando los comprendes, tiendes a realizarlos).
e.- Son bipolares: a cada valor
(que apreciamos o nos atrae) le corresponde, como su antítesis, un
antivalor (que rechazamos o nos repele).
f.- En cuanto cualidades de las
acciones humanas son objetivos (reales). También son subjetivos,
porque sin sujetos que los capten o comprendan no existirían.
g.- Son ideales, como metas o
fines que perseguimos aun siendo conscientes de que nunca se
realizarán por completo.
h.- Se presentan jerarquizados u
ordenados de mayor a menor valía. Las distintas jerarquizaciones de
valores son a menudo el origen de los conflictos morales.
i.- Representan el “deber ser”
y no el “ser”. Es por esto que suponen una crítica de la
realidad, ya que por apuntar al deber ser, en el fondo están
denunciando lo que hay.
j.- Se adquieren en el proceso de
socialización (proceso en virtud del cual la persona, que desde su
nacimiento pertenece a un grupo cultural, va asimilando la cultura;
es un proceso de aprendizaje y de adaptación que capacita para
desempeñar roles en el futuro).
5.-
Normas morales
Una
norma es una regla que indica cómo realizar un acto concreto. La
norma expresa el deber,
lo que hay que hacer. Las normas expresan valores en forma de
mandato, y son los valores los que justifican la validez de las
normas. Para que una norma sea moral debe cumplir tres requisitos:
a.- Autoobligación: presentar
una exigencia de ser obedecida que no procede de ninguna autoridad,
salvo la de uno mismo.
b.- Universalidad: presentar una
exigencia de ser obedecida por toda la humanidad.
c.- Incondicionalidad: presentar
una exigencia de ser obedecida porque da lugar a comportamientos
valiosos, y no para conseguir un fin o bien concreto y particular.
6.-
Otros conceptos
relacionados con los valores morales
Es un hecho innegable que los
valores morales presentan una diversidad a lo largo del tiempo, en el
espacio, e incluso entre distintas generaciones (en un mismo lugar y
tiempo). Entonces cabe preguntarse: ¿existen valores universales en
moral? Se han dado varias respuestas:
1.- Relativismo moral: los
valores preferidos dependen de cada grupo social o cultural. La
calificación moral de una norma o una acción como buena o mala
depende de cada grupo cultural.
2.- Subjetivismo moral: en
cuestiones morales cada persona piensa como quiere y todas las
opiniones tienen el mismo valor. Solo es posible llegar a acuerdos
por coincidencia coyuntural de intereses, pero no por análisis de
los argumentos morales en sí.
Ninguna de estas dos teorías da
cuenta de los hechos: seguimos encontrando sentido a argumentar sobre
cuestiones morales; todos exigimos universalidad para nuestras
convicciones relacionadas con la justicia.
Otro inconveniente de estas dos
posturas es que, en nuestras sociedades actuales multiculturales
(en un mismo espacio geo-político conviven distintas culturas),
para asegurar la paz es necesario el diálogo intercultural que
propicia acuerdos. Pero el diálogo desde posturas relativistas o
subjetivistas es imposible.
3.- Universalismo radical:
en cuestiones morales todos deben pensar y hacer lo mismo; todas las
personas deben ser felices del mismo modo. Esta posición se
relaciona con el etnocentrismo o afirmación de la
superioridad y validez única de la propia cultura frente a las
demás, lo que puede dar lugar a actitudes xenófobas que perturben
la convivencia. Tampoco esta teoría parece adecuarse a nuestro
tiempo multicultural.
4.- Universalismo moderado o
pluralismo moral: postura postura intermedia entre el “todo
vale” del relativismo y subjetivismo y el “todos deben hacer lo
mismo” del universalismo radical. Es la opción correcta, y el
Interculturalismo actual apunta al establecimiento de una
sociedad pluralista. Una sociedad es moralmente pluralista cuando en
ella conviven personas que tienen distintas concepciones morales
sobre lo que es una vida buena o feliz (máximos de felicidad;
invitar, respetar), pero comparten ciertos valores básicos de
justicia (mínimos de justicia; exigir). Estos valores constituyen la
hoy llamada Ética cívica, y son:
a.- Libertad: autonomía
moral (cada persona es libre de querer unas cosas u otras siempre que
no dañe a los demás) y autonomía política (cada ciudadano puede
participar activamente en su comunidad política).
b.- Igualdad: supone:
- Eliminación de la dominación: ningún individuo o grupo puede poseer un bien dominante, es decir, un bien cuya posesión supone la posesión de todos los demás.
- Cada persona ha de tener un mínimo material, social y cultural para desarrollar una vida digna.
- Igualdad de oportunidades para ocupar cargos y empleos, disminuyendo las desigualdades naturales y sociales.
- La sociedad debe procurar que todas las personas alcancen un nivel razonable de autoestima para poder llevar adelante sus proyectos personales de vida.
c.- Solidaridad: en un
mundo de desigualdades naturales, que se pueden paliar pero no
eliminar, es imposible que las personas sean libres e iguales sin
solidaridad, lo que exige dos tipos de acción:
- Apoyar al débil para que alcance la mayor autonomía y autoestima posibles.
- Explotar al máximo los propios talentos en provecho del grupo social.
d.- Tolerancia o respeto
activo respecto de aquellas concepciones de felicidad que no
compartimos. No se trata de ser indiferente o dejar que cada uno se
las componga como pueda. La tolerancia activa supone el interés por
comprender y conocer a los otros y ayudarles a llevar adelante sus
proyectos de vida.
e.- Actitud dialógica: la
violencia engendra violencia y no resuelve ningún problema. Los
problemas se resuelven con el diálogo que no es simple intercambio
de monólogos, sino que empieza por reconocer a los demás como
interlocutores igualmente dignos de ser escuchados, y se encamina al
establecimiento de pactos.
7.- La conciencia moral:
autonomía y heteronomía
La conciencia moral es el
juicio de la razón sobre la moralidad de una acción. Es la
capacidad para conocer y juzgar la bondad o maldad de las acciones
propias o ajenas. El lenguaje popular suele hablar de una especie de
“voz interior” que inspira, obliga y juzga la moralidad de
nuestras acciones, por lo que impulsa a actuar en el sentido en que
la persona considera correcto.
En cuanto capacidad racional, de
juzgar, la conciencia puede desarrollarse y evolucionar desde la
heteronomía hasta la autonomía. Ambos conceptos hacen referencia a
las leyes o principios que determinan nuestro juicio y nuestra
conducta, pues incluyen el término “nomos” (ley, regla).
La conciencia moral heterónoma
juzga o se guía por principios que le han sido impuestos por:
- Los dictados del instinto o los deseos (lo que nos apetece de inmediato en un instante determinado). Aquí se puede hablar, metafóricamente, de libertad de hacer lo que se desea, que no es auténtica libertad, porque las leyes que rigen nuestros deseos no las elegimos, nos vienen impuestas por la naturaleza. También tenemos deseos no naturales, sino creados socialmente.
- La tradición.
- La autoridad de otros, sean un grupo o una mayoría.
La conciencia moral heterónoma
acata las normas sociales o morales sin reflexionar.
La conciencia moral autónoma
juzga o se guía por principios o leyes que se da a sí misma, es
decir, hace lo que quiere (el querer radica en la voluntad y es la
capacidad de hacer algo porque lo consideramos conveniente, aunque no
lo deseemos). La libertad de querer sí es la auténtica libertad
humana, y consiste en que la razón juzgue qué es lo que nos
conviene y luego la voluntad lo elija. Las leyes del querer sí las
decretamos nosotros mismos, puesto que intervienen nuestra razón y
nuestra voluntad.
La conciencia moral autónoma es
capaz incluso de crear normas nuevas. Autonomía equivale a
autolegislación, a darse uno a sí mismo leyes propias. Pero la
conciencia debe juzgar desde el punto de vista de la universalidad,
de lo conveniente para toda la humanidad, porque es propio de seres
humanos.
8.- Teoría de Kohlberg sobre el desarrollo de la
conciencia moral
Kohlberg se fija en cómo enjuicia y razona la persona sobre lo justo
o correcto. Se sirve de dilemas para elaborar su tabla de niveles y
estadios, y para evaluar en qué estadio de desarrollo de la
conciencia moral se encuentra un individuo.
Nivel preconvencional: forma menos madura de razonamiento. La
persona enjuicia las cuestiones morales desde la perspectiva de sus
propios intereses, y tiene por justo lo que le conviene egoístamente.
Niños, muchos adolescentes, buen número de adultos.
Estadio 1º: se siguen las normas establecidas por la autoridad solo
por miedo al castigo.
Estadio 2º: se ven las normas de modo mercantil e individualista, se
instrumentalizan las relaciones humanas. Lo justo es lo que satisface
las propias necesidades e intereses y las de los demás, siempre que
uno también salga beneficiado.
Nivel convencional: se tiene por justo lo que es conforme a
las normas o usos de la sociedad. Se considera valioso en sí mismo
desempeñar bien los roles o papeles sociales convencionales,
adaptarse a lo que la sociedad considera bueno.
Estadio 3º: lo justo es lo que gusta a los demás. El interés es
ser aceptado por el grupo. Preadolescentes.
Estadio 4º: lo justo es respetar la autoridad establecida y las
normas vigentes. Se justifica el orden social tal cual está (“el
orden por el orden”), aunque no sea justo. Lo justo es que cada
cual cumpla sus obligaciones sociales y adopte el punto de vista del
colectivo social por encima de los intereses individuales. Adultos.
Moral del rebaño. Intolerancia.
Nivel postconvencional: la persona distingue entre las normas
de su sociedad y los principios morales universales, y enfoca los
problemas morales desde estos últimos. Desde estos principios
universales se puede, incluso, criticar las normas sociales.
Estadio 5º: lo justo se define en función de los derechos, valores
y contratos legales básicos reconocidos por toda la sociedad de
manera constitucional y democrática. Respeto a los pactos
establecidos democráticamente.
Estadio 6º: se va más allá del punto de vista contractual para
pensar desde la perspectiva de los principios éticos de justicia
válidos para toda la humanidad. Reconocimiento de los Derechos
Humanos. Adolescentes. Pocos adultos.
Problema: solo se consideran aspectos cognitivos e intelectuales y
solo se manejan los conceptos de autonomía e imparcialidad. Haría
falta completar con el estudio de los sentidos de la compasión, la
responsabilidad (respecto de aquellos que están a nuestro cargo) y
la solidaridad, relacionados también con la madurez moral (Carol
Gilligan).
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