jueves, 4 de octubre de 2012

Ampliación tema 4 (4º ESO)

TEMA 4 (ampliación)

1.- Moral: conjunto de códigos (normas y valores) que rigen la conducta de los hombres y las relaciones entre los mismos desde el punto de vista de la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto de las acciones. Es práctica. Se vive.
Inmoral: quien conoce las normas morales de una comunidad y las transgrede por su propio interés o bien porque en conciencia no puede aceptar las normas vigentes. Se trata de un concepto relativo, porque depende del código moral desde el que se juzgue.
Amoral: que carece de lenguaje y conciencia moral y vive ajeno a toda experiencia moral, desconociendo el sentido del bien y el mal. No existe propiamente un ser humano amoral.
Ética: disciplina filosófica que estudia la moral. También proporciona criterios para orientarnos a fin de conseguir una vida buena, feliz. Es teórica. Se divide en tres especialidades:
a.- Ética descriptiva: se limita a describir el hecho moral, la dimensión moral del ser humano. Para ello utiliza conocimientos que le aportan otras ciencias como la psicología, la antropología, la biología, etc.
b.- Ética normativa: se ocupa de justificar los juicios y normas morales. Distintas teorías o sistemas éticos proporcionan distintas justificaciones y proporcionan distintos criterios para hacer elecciones razonables.
c.- Metaética: se ocupa de analizar la corrección de los razonamientos morales y de la significación del lenguaje moral.

2.- Condición de posibilidad de la vida moral: la libertad (teoría de Gehlen)
El ser humano se caracteriza, desde el punto de vista biológico, por su indeterminación o inacabamiento, es decir, por la plasticidad, necesaria para poder convertirse en algo distinto de lo que en principio se es, por ejemplo en una criatura racional.
Además el ser humano, desde el punto de vista biológico, se caracteriza por ser deficitario, al carecer de una estructura instintiva que le permita responder con seguridad a los estímulos que el medio le presenta. Para sobrevivir tuvo que desarrollar la razón, inventar respuestas y optar (esencia de la libertad) por la mejor. Por esta razón el hombre es libre, porque su razón juzga sobre lo conveniente y su voluntad opta por ello o lo escoge.
Por ser necesariamente libre es por lo que el ser humano tiene dimensión moral, ya que los únicos actos de los que tiene sentido decir si son buenos o malos son los actos realizados libremente.
A diferencia del hombre, los animales no son libres, porque poseen una estructura instintiva tan perfecta que les basta para sobrevivir. No deben inventar respuestas ni elegirlas porque éstas están escritas en su código genético; pero no pueden desarrollar otras facultades, no son plásticos, ya que nacen básicamente acabados (determinados).

3.- El círculo de Aristóteles: Aristóteles no reparó en la circularidad del planteamiento. Para resolver la falacia hay que distinguir:
a.- Punto de vista de la génesis (cómo se suceden realmente los acontecimientos en el tiempo): lo primero sería la repetición de actos (a su vez explicable por el talante y los refuerzos -premios y castigos- psicológicos) que formarían hábitos (virtudes o vicios), y a su vez un conjunto de hábitos conformarían el carácter o modo de ser y actuar moral.
b.- Punto de vista de la fundamentación (justificación o evaluación): lo primero sería el carácter que predispone a realizar actos. En efecto, cuando calificamos moralmente a una persona, calificamos su carácter y no sus actos aislados.


4.- Características de los valores morales:
a.- No son cosas o entes; no son, sino que valen.
b.- De por sí son inmutables: lo único que cambia es nuestra comprensión o descubrimiento de los mismos.
c.- Son aquello que justifica el obligado cumplimiento de una norma.
d.- Presentan una exigencia de realización (cuando los comprendes, tiendes a realizarlos).
e.- Son bipolares: a cada valor (que apreciamos o nos atrae) le corresponde, como su antítesis, un antivalor (que rechazamos o nos repele).
f.- En cuanto cualidades de las acciones humanas son objetivos (reales). También son subjetivos, porque sin sujetos que los capten o comprendan no existirían.
g.- Son ideales, como metas o fines que perseguimos aun siendo conscientes de que nunca se realizarán por completo.
h.- Se presentan jerarquizados u ordenados de mayor a menor valía. Las distintas jerarquizaciones de valores son a menudo el origen de los conflictos morales.
i.- Representan el “deber ser” y no el “ser”. Es por esto que suponen una crítica de la realidad, ya que por apuntar al deber ser, en el fondo están denunciando lo que hay.
j.- Se adquieren en el proceso de socialización (proceso en virtud del cual la persona, que desde su nacimiento pertenece a un grupo cultural, va asimilando la cultura; es un proceso de aprendizaje y de adaptación que capacita para desempeñar roles en el futuro).

5.- Normas morales
Una norma es una regla que indica cómo realizar un acto concreto. La norma expresa el deber, lo que hay que hacer. Las normas expresan valores en forma de mandato, y son los valores los que justifican la validez de las normas. Para que una norma sea moral debe cumplir tres requisitos:
a.- Autoobligación: presentar una exigencia de ser obedecida que no procede de ninguna autoridad, salvo la de uno mismo.
b.- Universalidad: presentar una exigencia de ser obedecida por toda la humanidad.
c.- Incondicionalidad: presentar una exigencia de ser obedecida porque da lugar a comportamientos valiosos, y no para conseguir un fin o bien concreto y particular.

6.- Otros conceptos relacionados con los valores morales
Es un hecho innegable que los valores morales presentan una diversidad a lo largo del tiempo, en el espacio, e incluso entre distintas generaciones (en un mismo lugar y tiempo). Entonces cabe preguntarse: ¿existen valores universales en moral? Se han dado varias respuestas:
1.- Relativismo moral: los valores preferidos dependen de cada grupo social o cultural. La calificación moral de una norma o una acción como buena o mala depende de cada grupo cultural.
2.- Subjetivismo moral: en cuestiones morales cada persona piensa como quiere y todas las opiniones tienen el mismo valor. Solo es posible llegar a acuerdos por coincidencia coyuntural de intereses, pero no por análisis de los argumentos morales en sí.
Ninguna de estas dos teorías da cuenta de los hechos: seguimos encontrando sentido a argumentar sobre cuestiones morales; todos exigimos universalidad para nuestras convicciones relacionadas con la justicia.
Otro inconveniente de estas dos posturas es que, en nuestras sociedades actuales multiculturales (en un mismo espacio geo-político conviven distintas culturas), para asegurar la paz es necesario el diálogo intercultural que propicia acuerdos. Pero el diálogo desde posturas relativistas o subjetivistas es imposible.
3.- Universalismo radical: en cuestiones morales todos deben pensar y hacer lo mismo; todas las personas deben ser felices del mismo modo. Esta posición se relaciona con el etnocentrismo o afirmación de la superioridad y validez única de la propia cultura frente a las demás, lo que puede dar lugar a actitudes xenófobas que perturben la convivencia. Tampoco esta teoría parece adecuarse a nuestro tiempo multicultural.
4.- Universalismo moderado o pluralismo moral: postura postura intermedia entre el “todo vale” del relativismo y subjetivismo y el “todos deben hacer lo mismo” del universalismo radical. Es la opción correcta, y el Interculturalismo actual apunta al establecimiento de una sociedad pluralista. Una sociedad es moralmente pluralista cuando en ella conviven personas que tienen distintas concepciones morales sobre lo que es una vida buena o feliz (máximos de felicidad; invitar, respetar), pero comparten ciertos valores básicos de justicia (mínimos de justicia; exigir). Estos valores constituyen la hoy llamada Ética cívica, y son:
a.- Libertad: autonomía moral (cada persona es libre de querer unas cosas u otras siempre que no dañe a los demás) y autonomía política (cada ciudadano puede participar activamente en su comunidad política).
b.- Igualdad: supone:
  • Eliminación de la dominación: ningún individuo o grupo puede poseer un bien dominante, es decir, un bien cuya posesión supone la posesión de todos los demás.
  • Cada persona ha de tener un mínimo material, social y cultural para desarrollar una vida digna.
  • Igualdad de oportunidades para ocupar cargos y empleos, disminuyendo las desigualdades naturales y sociales.
  • La sociedad debe procurar que todas las personas alcancen un nivel razonable de autoestima para poder llevar adelante sus proyectos personales de vida.
c.- Solidaridad: en un mundo de desigualdades naturales, que se pueden paliar pero no eliminar, es imposible que las personas sean libres e iguales sin solidaridad, lo que exige dos tipos de acción:
  • Apoyar al débil para que alcance la mayor autonomía y autoestima posibles.
  • Explotar al máximo los propios talentos en provecho del grupo social.
d.- Tolerancia o respeto activo respecto de aquellas concepciones de felicidad que no compartimos. No se trata de ser indiferente o dejar que cada uno se las componga como pueda. La tolerancia activa supone el interés por comprender y conocer a los otros y ayudarles a llevar adelante sus proyectos de vida.
e.- Actitud dialógica: la violencia engendra violencia y no resuelve ningún problema. Los problemas se resuelven con el diálogo que no es simple intercambio de monólogos, sino que empieza por reconocer a los demás como interlocutores igualmente dignos de ser escuchados, y se encamina al establecimiento de pactos.

7.- La conciencia moral: autonomía y heteronomía
La conciencia moral es el juicio de la razón sobre la moralidad de una acción. Es la capacidad para conocer y juzgar la bondad o maldad de las acciones propias o ajenas. El lenguaje popular suele hablar de una especie de “voz interior” que inspira, obliga y juzga la moralidad de nuestras acciones, por lo que impulsa a actuar en el sentido en que la persona considera correcto.
En cuanto capacidad racional, de juzgar, la conciencia puede desarrollarse y evolucionar desde la heteronomía hasta la autonomía. Ambos conceptos hacen referencia a las leyes o principios que determinan nuestro juicio y nuestra conducta, pues incluyen el término “nomos” (ley, regla).
La conciencia moral heterónoma juzga o se guía por principios que le han sido impuestos por:
  • Los dictados del instinto o los deseos (lo que nos apetece de inmediato en un instante determinado). Aquí se puede hablar, metafóricamente, de libertad de hacer lo que se desea, que no es auténtica libertad, porque las leyes que rigen nuestros deseos no las elegimos, nos vienen impuestas por la naturaleza. También tenemos deseos no naturales, sino creados socialmente.
  • La tradición.
  • La autoridad de otros, sean un grupo o una mayoría.
La conciencia moral heterónoma acata las normas sociales o morales sin reflexionar.
La conciencia moral autónoma juzga o se guía por principios o leyes que se da a sí misma, es decir, hace lo que quiere (el querer radica en la voluntad y es la capacidad de hacer algo porque lo consideramos conveniente, aunque no lo deseemos). La libertad de querer sí es la auténtica libertad humana, y consiste en que la razón juzgue qué es lo que nos conviene y luego la voluntad lo elija. Las leyes del querer sí las decretamos nosotros mismos, puesto que intervienen nuestra razón y nuestra voluntad.
La conciencia moral autónoma es capaz incluso de crear normas nuevas. Autonomía equivale a autolegislación, a darse uno a sí mismo leyes propias. Pero la conciencia debe juzgar desde el punto de vista de la universalidad, de lo conveniente para toda la humanidad, porque es propio de seres humanos.

8.- Teoría de Kohlberg sobre el desarrollo de la conciencia moral
Kohlberg se fija en cómo enjuicia y razona la persona sobre lo justo o correcto. Se sirve de dilemas para elaborar su tabla de niveles y estadios, y para evaluar en qué estadio de desarrollo de la conciencia moral se encuentra un individuo.
Nivel preconvencional: forma menos madura de razonamiento. La persona enjuicia las cuestiones morales desde la perspectiva de sus propios intereses, y tiene por justo lo que le conviene egoístamente. Niños, muchos adolescentes, buen número de adultos.
Estadio 1º: se siguen las normas establecidas por la autoridad solo por miedo al castigo.
Estadio 2º: se ven las normas de modo mercantil e individualista, se instrumentalizan las relaciones humanas. Lo justo es lo que satisface las propias necesidades e intereses y las de los demás, siempre que uno también salga beneficiado.
Nivel convencional: se tiene por justo lo que es conforme a las normas o usos de la sociedad. Se considera valioso en sí mismo desempeñar bien los roles o papeles sociales convencionales, adaptarse a lo que la sociedad considera bueno.
Estadio 3º: lo justo es lo que gusta a los demás. El interés es ser aceptado por el grupo. Preadolescentes.
Estadio 4º: lo justo es respetar la autoridad establecida y las normas vigentes. Se justifica el orden social tal cual está (“el orden por el orden”), aunque no sea justo. Lo justo es que cada cual cumpla sus obligaciones sociales y adopte el punto de vista del colectivo social por encima de los intereses individuales. Adultos. Moral del rebaño. Intolerancia.
Nivel postconvencional: la persona distingue entre las normas de su sociedad y los principios morales universales, y enfoca los problemas morales desde estos últimos. Desde estos principios universales se puede, incluso, criticar las normas sociales.
Estadio 5º: lo justo se define en función de los derechos, valores y contratos legales básicos reconocidos por toda la sociedad de manera constitucional y democrática. Respeto a los pactos establecidos democráticamente.
Estadio 6º: se va más allá del punto de vista contractual para pensar desde la perspectiva de los principios éticos de justicia válidos para toda la humanidad. Reconocimiento de los Derechos Humanos. Adolescentes. Pocos adultos.
Problema: solo se consideran aspectos cognitivos e intelectuales y solo se manejan los conceptos de autonomía e imparcialidad. Haría falta completar con el estudio de los sentidos de la compasión, la responsabilidad (respecto de aquellos que están a nuestro cargo) y la solidaridad, relacionados también con la madurez moral (Carol Gilligan).

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